En apenas cinco días llegan las vacaciones de Navidad, momento muy esperado tanto por alumnos como por profesores. Serán diecisiete días de desconectar del trabajo de manera directa, es decir, de no pasar por el puesto de trabajo, lo que, como sabemos todos, no significa necesariamente no trabajar. Aunque como el final de la primera evaluación esté reciente y no haya demasiado que corregir, siempre habrá que programar, preparar clases, algún cambio de decoración...
Una de las cosas que, por estas fechas y, en realidad, también siempre que se acercan unas vacaciones, más me da que pensar es la conveniencia o no de mandar deberes a los alumnos para que hagan en estos días y, en caso de hacerlo, cuál es la cantidad idónea a mandar.
Veo constantemente cómo algunos compañeros y compañeras preparan cantidades ingentes de deberes vacacionales para sus alumnos, de forma que cada día tengan que hacer algo, sin tener en cuenta que hay varios días en los que no harán nada porque los planes navideños que tengan (es decir, los de sus padres) se lo van a impedir más de una vez. Y si esto es así, que lo es en la mayoría de los casos, el trabajo se acumulará para otros días, de forma que la continuidad pretendida por el profesor se pierde y el tiempo que dedican el día que lo hacen es casi el mismo que en cualquier día lectivo del curso. Y no es plan.
A todo ello debemos sumar el hecho de que no podemos controlar cuándo hacen los deberes. Unos optarán por hacerlos los primeros días y quitárselo de delante; otros preferirán dejarlo para los últimos días. Y con unos y otros en muchos casos nos referimos a los padres, que lo deciden en función de sus planes. Algo normal.
Todo ello me hace dudar que sea realmente efectivo poner tanto trabajo cuando no nos podemos asegurar que se haga como nosotros pretendemos y, por tanto, no tenga el efecto deseado.
Seguramente por culpa de mi faceta de entrenador, siempre he creído que el rendimiento académico, al igual que el deportivo, se basa en la perfecta conjugación de trabajo y descanso. Cuando se ha estado exigiendo un rendimiento alto a los alumnos y un nivel de concentración y trabajo alto desde septiembre hasta ahora, es conveniente proporcionarles un tiempo de descanso adecuado.
Por eso, casi no mando deberes en vacaciones. Ni en Navidad, ni en Semana Santa o verano. Creo que si el nivel de exigencia y el ritmo de trabajo durante el curso son altos, es necesario que las vacaciones sean eso, vacaciones; un tiempo en el que el descanso prime sobre el trabajo. Aun a sabiendas del riesgo de una desconexión mayor de la pretendida y de que vuelvan en enero totalmente fuera de bolos y sin hábitos de trabajo. Lo más adecuado es, entonces, el denominado descanso activo. Encargar algún tipo de actividad que suponga mantener las neuronas ocupadas sin exigirles un gran esfuerzo.
Ahí es donde entra la lectura. Creo firmemente que las vacaciones son el momento ideal para fomentar la lectura entre nuestro alumnos ya que, al asociarla con un período de descanso y festivo como son las vacaciones, tendrán una sensación de agrado hacia ella y no lo verán como una obligación que les ocupa parte del tiempo de estudio durante los días lectivos.
Pero no sólo lectura. Hay que buscar actividades que sean amenas, entretenidas, motivantes y "de bolsillo"; algo que les anime a trabajar casi sin darse cuenta y en cualquier lugar sin necesidad de llevar consigo los libros, libretas, cuadernillos, diccionarios... allá donde vayan a pasar la Navidad. Y que además sea de provecho, que sirva para algo.
Yo les suelo mandar una actividad que entre los alumnos tiene mucho éxito por diferente y divertida y también entre los padres por no tener la necesidad de atarles, en ningún momento, a una mesa y una silla para hacer deberes. Se trata de buscar, mientras pasean con sus familias, algunas de las innumerables faltas de ortografía que por la calle nos podemos encontrar. El hecho de buscar los errores de los demás hace que se den cuenta de algunos que ellos mismos cometen. lo que deben hacer es fotografías de esos errores y mandarme unos cuantos de ellos por correo electrónico.
Total, mucho más llevadero que lo habitual, más descanso en vacaciones para alumnos y familias y también, por qué no decirlo, menos que corregir a la vuelta para nosotros.




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