En mi anterior post decía que los profesores tenemos que ponernos al día en lo referente a las TIC porque la realidad social y tecnológica que nos está tocando vivir y en la que tendrán que desenvolverse nuestros alumnos nos impone un nivel de conocimientos bastante elevado.
Reflexiones de un profesor desde una especie de diván virtual en el que compartir y comentar acerca de lo humano, lo divino, las alegrías, los sinsabores, la fauna e, incluso, la flora que nos tenemos que encontrar cada día en nuestros centros.
domingo, 18 de marzo de 2012
Edmodo. Una red social en el aula.
domingo, 11 de marzo de 2012
Hay que ponerse las pilas
Si algo nos están dejando claro los tiempos que corren es que las TIC cada vez van teniendo más peso en la sociedad y en la cultura. Son tiempos de smartphones, tablets, websites, e-mails, redes sociales, blogs, plataformas... Todo ello está, a diario, al nuestro alcance y al de nuestros alumnos. Y mientras nosotros nos vamos haciendo, unos con más destreza que otros, a estos dispositivos que aparecen y se descatalogan a una velocidad vertiginosa, los niños de este tiempo son verdaderos genios en el uso de estas maquinitas con las que están creciendo, entre otras razones, porque han nacido en este tiempo en que todo va mucho más deprisa que cuando nosotros teníamos su edad.
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PUNTOS DE VISTA
Están cerca las notas de la segunda evaluación en todos los niveles educativos y eso, como siempre, trae consigo dos cosas de forma inevitable: proliferan los exámenes y, por otro lado, aunque muy estrechamente relacionado, aumentan también las solicitudes de tutorías por parte de las familias. Se trata, sin duda, de un momento importante del curso y hay que estar al tanto de cómo va el niño o la niña en clase, de conocer el pensamiento del tutor sobre el desarrollo del curso.
Al hilo de esa proliferación de exámenes (y evitando caer en la tentación de hacer un análisis en profundidad de las tutorías con las familias), es muy fácil estos días escuchar, a la salida del colegio, cuando uno se encamina a su coche para irse a casa, cómo las madres (son mayoría las que van a recoger a sus hijos) preguntan a los niños por los exámenes. Hasta ahí todo normal y lógico. Lo curiosos, lo que me ha llamado la atención en estos últimos días es las diferentes preguntas que se utilizan para preguntar por lo mismo y el trasfondo que conlleva cada una de ellas.
Haciendo un repaso, puedo recordar las siguientes:
1.- "¿Qué tal el examen? ¿Fue fácil?" (dicho por la madre de un niño de 3º de Primaria)
De aquí no es muy complicado sacar la importancia que, para esa madre, tenía, al menos en la ocasión a la que hago referencia, la dificultad del control. Al parecer por encima, incluso, del trabajo de su hijo, de lo preparado que lo llevase.
¿Duda esta señora de la capacidad de su hijo? ¿Cree que la forma de que su hijo apruebe es que los exámenes sean fáciles? ¿Busca de antemano una excusa en caso de que el niño no obtenga una buena nota?
2.- "¿Qué tal el examen? ¿Respondiste todo?" (dicho por una madre de una niña de 6º de Primaria)
¿Suele dejar esa alumna alguna pregunta en blanco? ¿Duda la buena señora que su hija haya sido capaz, por no saber o por lenta, de responder a todas las preguntas? ¿Es que no había estudiado todo lo que entraba y quizá le pusieron alguna pregunta sobre eso que había dejado?
3.- ¿Qué tal os salió a todos el examen? (dicho por una madre de 5º de Primaria a su hijo y a tres compañeros más)
¿Qué busca esta señora con la pregunta? ¿Una coartada por si a su hijo le ha salido mal?
Quiero pensar que se trata, simplemente, de preguntas sin un doble sentido o intención. Supongo que dependerá de la forma de expresarse de cada persona. La cuestión es si estas preguntas, sus posibles respuestas y las conversaciones posteriores que una y otras generen, especialmente cuando se les entregan los resultados de esos exámenes, se ajustan a la realidad del trabaja o realizado y del resultado obtenido de forma justa.
Igual son palabras mayores.
jueves, 1 de marzo de 2012
El esperpento de la ESCUELA2.0
Hace ya casi un mes desde mi último post y parece que el cuerpo pide ya a gritos una sesión de diván de urgencia. Lo pide el cuerpo y lo pide, más aún, la mente, a punto de saturarse por las múltiples vivencias de estas semanas sin pasar consulta, como necesitando un momento de desconexión de la rutina y sus efectos colaterales mediante la técnica del linchamiento de las teclas. Para qué llamarlo de otra manera si, al fin y al cabo, es lo que uno hace.
Han sido bastantes la cosas ocurridas en este mes de ausencia y muchos los enfoques que podría dar a esta sesión. Desde luego puedo decir que me ha dado tiempo a recopilar material para escribir varios posts, y vive Dios que lo haré, de temas tan diversos como los padres (otra vez, y van...), las clases particulares, el compañerismo (o la ausencia de él) entre profesores, más de talleres y salidas extraescolares, algunas cosillas sobre el panorama político en la parte que nos afecta, algunas barrabasadas de profesores hacia alumnos y otras de alumnos hacia profesores, viajes pedagógicos y viajes de estudios... Habrá tiempo para todo ello y, espero, con mayor frecuencia que la mostrada últimamente.
Sin embargo hoy me va a ocupar la ESCUELA2.0, ese concepto tan interesante como desaprovechado. Y mal planteado. Sobre todo eso, mal planteado. Empezando por Zapatero y su brillante idea de dar un ordenador a cada alumno de 5º de Primaria hace dos cursos. Atrocidades hizo muchas, pero como esta pocas.
No me pararé demasiado en contar que en una sociedad que avanza tecnológicamente a una velocidad vertiginosa es muy importante que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) formen parte importante de la vida académica. Dedicaré estas líneas a mostrar mi preocupación por el cariz de sainete que ha tomado la puesta en desarrollo del programa ESCUELA2.0 en Asturias.
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