miércoles, 16 de noviembre de 2011

De las profesoras (y profesores) de Educación Infantil

Dicen que para ser bueno en aquello a lo que nos dedicamos es fundamental conocer nuestras limitaciones. Más allá de dominar la materia de nuestro trabajo, las herramientas tecnológicas de uso habitual o las habilidades sociales que pueda tener, un buen profesional ha de saber hasta dónde es capaz de llegar y cuál es su "territorio comanche".

Yo hay una etapa de la educación en la que, además de no tener titulación para ello, estoy seguro que sería incapaz de trabajar: la Educación Infantil. Puede que esté un pasito más cerca de ser bueno en lo mío al saber esto.





Incapaz porque las profesoras (también profesores, aunque menos, muchos menos) tienen que estar hechas de una pasta especial para lidiar con todo lo que dirariamente implica su trabajo. A saber:

1.- Veinticinco niños y niñas de entre 3 y 5 años de edad. Cada uno de su padre y de su madre. En alguna ocasión también de su abuelo y su abuela. Y con los tiempos modernos, pues también del querido de la madre o la querida del padre. De todo hay. Veinticinco niños que hablan, corren, juegan, se hacen pis, gritan, siguen corriendo, se hacen caca, tienen mocos, lloran, gritan otra vez, vuelven a gritar, cada vez más alto y... TODOS A LA VEZ. Eso todos los días y a casi todas las horas.


2.- Las veinticinco familias, muchos de ellos padres primerizos que constantemente atosigamos a la profesora (o profesor que, insisto, también los hay) con que si el niño hoy ha dormido bien, que si tiene mocos, que si ponle el ventolín, que si hoy se queda a comer en el colegio, que si hoy lo viene a recoger el abuelo, la tía, el querido de la madre, la prima universitaria que hoy no tiene clase y le hace ilusión y, por supuesto, TODOS A LA VEZ. ¿De dónde habrán sacado ese hábito esos niños?


3.- Llegar a las 9. Quitar los abrigos, colgar los abrigos, poner los mandilones, hacer asamblea, hacer que los niños atiendan, contar un cuento, cantar una canción, hacer que los niños vuelvan a atender, recitar una poesía. A estas alturas, haber puesto a tres o cuatro a hacer pis porque en casa no quisieron (qué tendrán los baños del cole que tanto les gustan?).


4.- Luego hacer una ficha. Hay que colorear en azul. Azul. Rojo no, azul. Ya sé que te gusta más el rojo, pero es que esto hay que hacerlo en azul. Azul. El rojo ya lo utilizaremos mañana. He dicho azul.








5.- Hora del recreo. Hace un rato que han mandado guardar las pinturas azules (y alguna roja) y las fichas. Que han mandado a los niños coger su abrigo para salir al patio. Que lo han vuelto a mandar. Que los han tenido que coger ellas mismas (o ellos mismos, que también los hay). Que han entregado las bolsitas con el aperitivo de media mañana a cada niño. Que han mandado hacer cola para salir al patio con el fin de asegurarse que están todos listos y equipados. Que se han asegurado sin falta de que los niños y niñas hayan hecho la cola.


6.- Salen al patio. Mientras pelan fruta, abren zumos, actimeles, quesitos, galletas, packs de jamón de York, bocadillos de sabe Dios qué y otras variedades de aperitivos que los padres les mandamos a nuestros hijos, algunos de ellos verdaderas pruebas de esfuerzo e ingenio para niños tan pequeños; mientras hacen todo eso, digo, hay que consolar al que llora porque no le dejan jugar con el balón, al que no quiere compartir el balón, al que se ha caído porque ha tropezado con el compañero, al que ha tropezado consigo mismo y al que ha tropezado con el aire; tienen que jugar a tres o cuatro juegos a la vez sin descuidar a la niña que se ha colgado de su pierna, al que le está cogiendo las cosas que lleva en el bolso de la bata, al que se está subiendo a algún sitio del que saben que se caerá, al que siguen sin dejar jugar, al que hay que sonar los mocos, al que se le ha caído la mandarina al suelo y al que se estaba subiendo a aquel sitio que, como era de esperar, se ha caído.


7.- Vuelta a clase y se repite el paso 3 pero con el agravante de que llegan del recreo, más excitados y menos dormidos que a las 9.







8.- Total, que nos da la hora de salir y la profesora (o profesor, que de verdad que los hay) tiene que enfrentarse a uno de los peores momentos del día. Sí, peor que los mencionados anteriormente. Porque resulta que cuando parece que va a llegar el momento de tranquilidad en que los niños se vayan a su casa o al comedor del colegio, en el momento de abrir la puerta... los niños no salen. Son los padres los que entran. Entran a saco. Y lo mejor de todo es que los brazos de la profesora se multiplican como los de los dibujos animados y es capaz de entregar a cada niño o niña a su correspondiente familiar.


9.- Y eso todos los días. Y cuando deberían relajarse de un ritmo que me ha estresado solo de escribirlo, resulta que tienen que adornar la clase, redecorar según la estación del año, preparar el Belén, el carnaval, Halloween, actuaciones diversas, regalo del día de la madre, regalo del día del padre (alguna tendrá que hacer también detallinos para los queridos y queridas).



10.- Y con una sonrisa.



En resumen, son supermujeres (y superhombres, que también los hay) que se merecen el mayor de los reconocimientos de todos los que dejamos a nuestros hijos en sus manos y que vemos, día tras día, cómo van creciendo, madurando, aprendiendo y viviendo con la misma sonrisa con la que esa persona, que tiene sus problemas igual que los demás, los recibe cada mañana; con la misma ilusión que cada día, en cada actividad, clase, recreo o celebración, les trasmiten esos creadores de momentos mágicos que les convierten en objeto de auténtica veneración de nuestros niños y niñas de Infantil.

Sois un ejemplo para los que nos dedicamos a esto de enseñar.

3 comentarios:

  1. Muy bueno y muy acertado, Jaime. Has dado en el clavo con todo!!!

    ResponderEliminar
  2. Y a parte de todo ese ritmo frenético de quitar y poner abrigos, pises, mocos, pinturas y mandilones, letras, dibujos, pegatinas.... los niños y niñas en Infantil aprenden muchísimas cosas (aunque algunos no lo crean)aprenden a compartir, a expresar sus emociones, establecen sus primeras relaciones sociales, aprenden a convivir y sientan las bases de lo que será su educación en el futuso, así que lo más importante, que hacemos en Infantil es enseñarles a ser personas...

    ResponderEliminar
  3. ...y ellos también nos enseñan a nosotras (y nosotros) a muchas cosas importantes que, a veces, con el paso de los años, se nos olvidan; a ser mejores personas.

    ResponderEliminar