No siendo ajeno a lo que puedan dar de sí las próximas elecciones con respecto a la educación, ni tampoco a lo dicho ayer por Rajoy y Rubalcaba acerca de este tema, hoy quiero escribir sobre un tema al que le llevo dando vueltas desde hace varias semanas, por lo que aparcaré, por pocos días, el tema político
Resulta que estamos asistiendo en los últimos tiempos a una peligrosa moda que se extiende con una facilidad pasmosa por muchos colegios de todos los lugares. Una moda que a los que nos dedicamos a la educación nos afecta muy directamente y que, entiendo, deberíamos empezar a valorar en su justa medida, ya que la situación es grave y lo puede ser mucho más.
Lo que está ocurriendo es que se ha cnvertido en habitual que cuando un alumno y/o su familia no está a gusto en un colegio, bien sea porque las notas que saca el niño no son las que la familia espera (no de él, sino de los profesores, como hablaba en el post anterior), porque parece que el nivel de exigencia es alto y creen que el niño no será capaz de llevar sus estudios de forma exitosa, porque quiero cambiarme a otro centro que me gusta más, o bien por cualquier fobia que niños, padres o el conjunto familiar hayan desarrollado contra personas, lugares, actividades o lo que sea, dentro del ámbito escolar, pues pretenden cambiarse de colegio a mitad de curso.
Pero claro, a mitad de curso no es muy fácil encontrar sitio en los colegios que son pretendidos por esas familias. Entonces se esperan a junio, echan su solicitu y... tampoco entran porque ese colegio concreto al que quieren ir no tiene vacantes.
¿Y qué hacemos ahora? Pues esperar, empezar el curso en el cole de siempre y... denunciar que el niño sufre acoso escolar. Aunque sea mentira, aunque sea calumniando a profesores, compañeros amigos, a quien sea, pero el caso es salir de ahí, de ese colegio en el que el niño lleva encantado de la vida tantos años, donde se ha hecho los amigos desde los 3 años y en el que ha ido sacado los cursos sin problema porque todo era muy fácil. Pero ha sido llegar las dificultades académicas y el niño alegre y encantado se ha convertido, de la noche a la mañana, en un niño acosado y maltratado por sus compañeros, por sus amigos.
Esto lo están haciendo porque, como es evidente, la Consejería de Educación tramita el expediente de cambio de centro con la misma celeridad con la que correrían detrás de una foto con el Ministro o un suculento aumento de sueldo. Sin casi investigar ni demostrar que esa denuncia sea verdadera o falsa. Tan solo dan como solución el traslado a otro colegio. En principio, al que el afectado quiera, si es que tiene sitio.
Todas estas decisiones se toman desde el miedo. El miedo a que sea verdaderamente un caso de acoso y les culpen de no hacer nada; el miedo a que alguna psicóloga oportunista vaya a la prensa con un caso que, verdadero o no, haría mucho daño a la Consejería y su imagen ante la opinión pública. Y si tenemos en cuenta que en el último año y algo hemos vivido en una situación constante de campañas y precampañas electorales, esa publicidad negativa significa votos de menos. Y no se puede consentir.
En segundo plano queda, entonces, la imagen de los centros donde se realizan esas acusaciones. El nombre de todos los compañeros y compañeras del alumno presuntamente maltratado (porque rarísima vez se acusa con nombre y apellidos, siempre han sido "los compañeros", señal de que algo no debe ser del todo verdad), del equipo docente deese centro que parece que "permite" que se den esos supuestos casos de acoso. Pero a esas familias, resentidas las más de las veces, como digo, por las calificaciones académicas, no les importa ya nada. Solo que su hijo cambie de centro y se olvida todo.
Pero, ¿cómo puede un padre olvidar un acoso escolar a su hijo? ¿cómo puede conformarse con un cambio de centro? ¿cómo no se acusa a personas concretas de hechos concretos?
La respuesta es obvia. Cuando ven satisfecho su interés últimos que no es otro que el cambio de colegio, lo demás ya no importa. Pero la denuncia queda, el nombre del centro de origen queda manchado, por mucho que se sepa que no hay tal caso de acoso.
La mayor frustración es cuando aparecen esos padres que tanto "sufrían" por ese niño tan campantes por la puerta del colegio que han abandonado y se jactan con los padres de los antiguos compañeros de su hijo de haber conseguido un cambio de centro en el momento que ellos han querido. Se lo están contando a las personas acuyos hijos e hijas han denunciado previamente de acosadores. Y se quedan tan anchos.
Los docentes y los centros de enseñanza estamos en este caso, como en tantos otros, desprotegidos ante el aprovechamiento del miedo que se ha instalado en la sociedad a que nos señalen como los que han permitido un caso de acoso en su colegio. Ese miedo está haciendo que mucha gente manche el prestigio de nuestra labor profesional y el nombre de los centros educativos en los que desarrollamos nuestro trabajo.
El bullying, o acoso escolar, es un tema muy serio que, por desgracia, tiene excesivos casos reales, crueles, espeluznantes en un día a día de una sociedad en la que todos estamos expuestos, y más los niños pequeños. Por eso, por los que sufren realmente el acoso escolar, por los que temen denunciar por miedo a represalias, por los niños y niñas que temen ir al colegio, que desarrollan problemas psicológicos reales y graves, por todos ellos, debríamos respetar más estas situaciones y no usarlas como recurso cutre y vil para obtener unas soluciones que se pueden conseguir de otra forma a problemas que no se parecen en forma ni en fondo a otras tan graves





Supongo que hablas con conocimiento de causa..¿y qué me dices cuando se acusa a un profesor (normalmente hombre) de abuso sexual siendo estas acusaciones falsas?..¿quién limpia la imagen del profesor en cuestión cuando se ha demostrado que las acusaciones no eran ciertas??...creo que nadie puede ya limpiar su imagen..
ResponderEliminarEfectivamente, hablo porque lo he vivido. Lo lamentable es que yo creo que se esté viviendo en muchos colegios, por eso hablo de moda.
ResponderEliminarRespecto a eso que planteas, estoy en la misma línea que en el caso del bullying. Si es cierto, es gravísimo y que caiga sobre ese profesor o profesora el más cruel de los castigos.
Ahora bien, si la acusación es falsa el honor nunca se restituye del todo al damnificado, por mucho que se llegue a demostrar su inocencia. Nuestra sociedad no entiende hoy en día de limpiar las sospechas de gente probadamente inocente. Y eso es culpa de todos.