jueves, 10 de noviembre de 2011

Padres buenos: Teruel existe

Desde que el otro día leía un comentario sobre uno de los posts de este recién estrenado blog sugiriendo que el tipo de padres de alumnos que había descrito no es un estereotipo aplicable a la totalidad de ellos, he tenido la sensación que era de justicia dedicar otra entrada a los que, afortunadamente, no se les parecen.

No se trata de ensalzar a esos padres que dicen apoyarnos y valorarnos tan explícitamente. En primer lugar porque muchos de los que lo cacarean, tanto en tutorías como en alguna conversación con compañeros o superiores nuestros, en realidad luego nos machacan por la espalda en corrillos de patio o, lo que es peor, en su propia casa, donde lo oyen los hijos, a quienes no mantienen al margen.



Y en segundo lugar, porque esas alabanzas no son nuestro objetivo ni lo que más nos gusta. Como a todo el mundo, a los profesores también nos gusta más oir cosas buenas que malas. Como humanos que somos, nos gusta de vez en cuando alimentar el ego personal.

Pero yo creo que a los profesores el tipo de padres que más nos gusta es el que se ocupa y se preocupa de la educación y la formación de sus hijos. Que son dos cosas distintas. 

Por suerte para nosotros pero, sobre todo, por suerte para ellos mismos, la mayoría de las familias que nos encontramos son así. Doy fe. Yo he tenido alumnos de casi todas las edades y procedencias, de las clases sociales y situaciones familiares más diversas. Y digo, con gran satisfacción, que me he sentido valorado, apoyado y respetado por las inmensa mayoría de ellos. Aunque algunos lo hacían de forma directamente proporcional a las notas de sus hijos.





Entonces, ¿cómo puede ser que se hable más de lo malo que de lo bueno? Pues básicamente por una razón cultural. Estamos acostumbrados a quejarnos, a destacar lo malo y a los malos; a no valorar lo bueno como tal, sino como lo lógico. Y en esas situaciones se crea una situación de injusticia al no valorar a cada uno como se merece. Es menester reconocerlo.





En los últimos años he sido tutor de unos sesenta niños y niñas. Tengo que reconocer que situaciones problemáticas con las familias ha habido no más de cinco. El porcentaje no es precisamente grande. Lo grandes son los problemas que hemos tenido que afrontar con esas familias. Y es que lo malo resalta más, es más escandaloso y trasciende, muy a nuestro pesar, mucho más. Pero incluso en alguna de esas situaciones negativas, es cuando más apoyado me he sentido por el resto de las familias de mis alumnos. A día de hoy, puedo decir que echo tanto de menos a los alumnos que han ido pasando a otros cursos superiores como a sus padres.

En ese sentido, creo que soy un afortunado. Y vaya si lo valoro.

1 comentario:

  1. Todavia está por ver a que "grupo de padres/madres" pertenezco, porque, como todo en esta vida, no basta con palabras y buenas intenciones hay que demostrarlo con hechos; pero espero parecerme a los que va dedicado este post, sobre todo por el bien de mi hijo.

    Un saludo

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